Sanlúcar es la cuna de todo lo espirituoso. Uno pasea por sus calles y ve por todas partes edificios de bodegas y barricas superpuestas a modo de monumento; de repente te envuelve un olor a manzanilla que no se puede aguantar -por arte, se entiende-, y a eso estamos tan acostumbrados los sanluqueños nativos o de adopción que ya pasa hasta inadvertido, como el olor a mar, a azahar en flor o a tortillas de camarones. Cuando se perciben esos olores se toma conciencia de estar en el sur, y nos pasa a todos… desde los nativos o de adopción al último guiri que busca Balbino con un mapa en la mano, como si el mapa fuera la Guía Michelín. Todo lo que se salga de esos olores ambientales resulta extraño y llama la atención: si uno va paseando por esta bendita Sanlúcar con el olfato acostumbrado a lo que hemos descrito, y de repente le llega olor a Varón Dandy se queda uno como descolocado… y si ese uno no es guiri ni paseante casual, sino guardia civil, ya la tenemos liada.

 

La planta de María, de olor penetrante

El Diario de Cádiz da hoy un titular que no tiene desperdicio: “MARIHUANA EN SANLÚCAR CAMUFLADA CON VARÓN DANDY”. Por lo visto han detenido a cuatro individuos por haber montado en sus casas cuatro plantaciones de María con todos sus avíos de humidificadores, focos y demás parafernalia, porque planta uno un rosal y solo necesita un tiesto con mantillo, pero la María requiere más complementos que la Barbie divorciada… y además un rosal da olor a rosas, como mucho a Wizard, pero la marihuana desprende un olor tan penetrante o más que el aroma a manzanilla de las bodegas. ¿Solución? Poner en los extractores Varón Dandy -como si el olor fuera discreto-, y rezar porque la Guardia Civil no tenga operativa la pituitaria, que ya ven ustedes la tontería..

 

La cuestión de la María da de sí lo que no está en los escritos, y más en este país donde reina el surrealismo. Una amiga mía muy querida, la periodista alicantina Teresa Ruso, me contó una vez la historia más alucinante que puedan ustedes imaginar, absolutamente cierta y constatable, sobre una competición de calidad de cogollos llamada la “Marihuana Iuris Cup”. Teresa es mujer de vida apasionante y yo, que he creído siempre la mía gobernada por el surrealismo, he sido destronada por ella de manera fulminante en materia de conocer gente y situaciones extrañas. Si lo del Varón Dandy les ha parecido curioso prepárense, que van a alucinar.

 

Hablando con Teresa de hombres extraños me contaba que había tenido una relación con un abogado valenciano llamado Enrique Fornés Ángeles, actualmente alejado de la profesión por enfermedad mental. El hombre era aficionado al porreteo, y se le ocurrió el modo de proveerse de bóvilis bóvilis y con toda comodidad de una ingente cantidad de marihuana en forma de cogollos convocando la “Marihuana Iuris Cup”, o sea, un concurso a nivel internacional en el que pretendía juzgar los 100 mejores cogollos del mundo a base de probarlos todos, naturalmente.

Enrique Fornés en su particular plantación de marihuana

Invitaba a enviar sus cogollos a “juristas, políticos, policías, artistas, intelectuales, sacerdotes, universidades, ayuntamientos, comunidades de vecinos, familias, grow shops, coffee shops, bancos de semillas de cannabis, mayoristas del cáñamo y bares de fumadores de porros” para que éstos obtuvieran una “excelente publicidad”. El premio consistía en una Estrella Fornés, o sea, en absolutamente nada, pero se convocó a todos los mandatarios del mundo, incluyendo al Papa, para que enviaran sus cogollos a la dirección que adjuntaba en una tarjeta de visita con su nombre, todos sus datos, y un dibujo de un saltamontes posado sobre un cogollo.

 

Figúrate tú la tarjeta. Nada más ver la tarjeta ya se daba uno cuenta de que no andaba muy bien de la cabeza… pues mandó más de doscientas cartas, y algunas hasta respondieron -declinando, naturalmente-: la reina Margarita de Dinamarca, Lula da Silva, Simón Peres de Israel, la presidenta de Irlanda…  Pero nadie enviaba nada. Ni un cogollo. Un día llaman por teléfono, un número largo. 

-Enrique, te llaman de Madagascar.”

 

La carta de Enrique había llegado a Madagascar justo cuando el presidente, Marc Ravalomanana, era apartado de sus funciones gracias a un golpe de Estado. Si consultan ustedes Wikipedia, verán que Ravalomanana era un hombre ejemplar, ultrarreligioso e incapaz de tener siquiera cerca un solo cogollo como no fuera de lechuga, pero sus detractores utilizaron la carta de Enrique Fornés para acusar al presidente de querer convertir Madagascar en una gigantesca plantación de María. La noticia salió en la prensa del país, y la recogió en España Periodista Digital.

 

“-Los que llamaban por teléfono eran los partidarios de Ravalomanana, que querían matar a Enrique; y como en la tarjeta ponía también su dirección se tuvo que quitar de enmedio a la voz de ya.”

 

El escándalo pesó para que Bush, que en principio había mostrado su apoyo al presidente legítimo, dejara hacer a los malgaches, y Ravalomanana tuvo que refuagiarse en ¡Suazilandia! -que sí, que existe Suazilandia- para huir también de Gadafi. Y todo ésto lo armó un señor de Valencia que padecía esquizofrenia y dedicó los últimos años de su vida a la lucha por legalizar las drogas de la manera más peregrina.

El rey de Suazilandia, que dió asilo a Ravalomanana

Después de Ravalomanana y la “Marihuana Iuris Cup” lo de Sanlúcar y el Varón Dandy se queda en mera anécdota. El señor Fornés falleció en 2018 y no puede ya confirmarles nada, pero si teclean su nombre en Google podrán comprobar la veracidad de la historia y de paso visitar su blog que no tiene desperdicio. 

 

 

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