Las calles del sur de Teherán están lejos de ser las de una ciudad afectada por casi dos mil casos de coronavirus, el 25% de los 8.042 casos identificados en Irán. Decenas de personas se abrían ayer paso en aceras congestionadas por vendedores ambulantes que intentan aprovechar la pequeña reactivación económica de los días previos al Año Nuevo, el 21 de marzo. “Tenemos que sobrevivir, no nos podemos quedar en casa”, explica Mohsen, un mecánico de 26 años. Los tapabocas y los guantes de algunos transeúntes eran el único indicio de que la vida está lejos de ser normal.

Mohsen es parte de un sector de la sociedad que después de tomar precauciones por unos días ha reactivado su rutina bajo la excusa de que hay que seguir, especialmente tras un año marcado por la amenaza de una guerra con EE.UU., las protestas y el trauma del derribo del avión ucraniano con 176 pasajeros, pero especialmente por las sanciones económicas y la crisis económica agudizada por la inflación. “Cada vez estamos peor, hay gente que no tiene para pagar el alquiler, ni de su casa ni sus locales. No tenemos otra opción que trabajar”, dice.





En los últimos días han surgido iniciativas de fundaciones benéficas e instituciones ubernamentales para aliviar la situación de personas afectadas por la crisis del coronavirus. Entre las medidas, no cobrar alquileres en los próximos dos meses o dar compensaciones económicas a sectores como el hotelero. También se contemplan ayudas a aquellos que pierdan sus trabajos.

Pero la crisis del coronavirus es sólo una más que se une a la larga cadena de crisis económicas que afectan al país y que tienen gran repercusión entre la clase media y baja. Miles de personas protestaron en más de cien poblaciones del país en noviembre como respuesta al alza repentina de la gasolina. Y las elecciones parlamentarias del pasado 21 de febrero tuvieron la participación más baja de la historia de la República Islámica. La mala gestión económica del Gobierno provocó esa masiva abstención.


LA UNIVERSIDAD AVISA

“Ver multitudes en la calle y gente ignorar las advertencias pone en peligro la sociedad”





La crisis de legitimidad y de confianza en el Gobierno ha tenido grandes repercusiones estas últimas semanas. Muchos acusan al presidente Hassan Rohani y a su equipo de gobierno de haber actuado tarde ante el coronavirus y de mandar señales confusas. Una de ellas es haber ordenado la cancelación del horario laboral reducido en las oficinas gubernamentales. Esta medida ha sido muy criticada por algunas voces que piden que se exija con mayor vehemencia a la población salir lo menos posible de sus casas.





“Ver a multitudes en la calle y a gente ignorar las advertencias pone en peligro la sociedad”, señalaba un comunicado firmado ayer por profesores de la Universidad de Mashad. La imagen de calles llenas de transeúntes, como sucede en el sur de Teherán, contrasta con el norte de la ciudad, donde la población actúa con muchísima más cautela. Algunos parlamentarios han pedido al Consejo Supremo de Seguridad Nacional que ordene la cuarentena para las áreas afectadas, lo que hasta ahora ha sido imposible a pesar de algunos pequeños esfuerzos.

Esto incluye el cierre de las vías hacia el norte del país, en las proximidades del mar Caspio, donde suelen veranear los teheraníes. El cierre de colegios y universidades, sumado a la proximidad de las vacaciones, llevó a miles de personas a dirigirse a estas provincias con la esperanza de escaparse de la crisis. Pero esta movilización masiva terminó con la expansión del virus hasta estas regiones, las más afectadas después de Teherán y Qom.

En un intento por convencer a la población de que no se debe viajar, se ha ordenado el cierre de hoteles en las áreas afectadas y se han reducido los vuelos a las islas del golfo Pérsico. El líder supremo anunció que este año no viajaría a Mashad, donde acostumbra dar el discurso de Año Nuevo. “Este será un fin de año excepcional”, dijo el portavoz de la policía Ahmad Nourian, que pedía a los iraníes quedarse en casa.






MEDIDA DE URGENCIA

Liberados 70.000 presos para evitar la propagación del virus en las cárceles





La mayor presión de la emergencia, incluido en el norte del país, está centrada en los hospitales, pero sobre todo en el personal sanitario, que no da abasto para cubrir la crisis. En los últimos días se han abierto hospitales de emergencia bajo la supervisión del ejército y los guardianes revolucionarios, y en las regiones más afectadas se han habilitado espacios deportivos para poner camas donde se atienden a casos menos graves. Hay informaciones que apuntan a que al menos 14 médicos y enfermeras han muerto como consecuencia del coronavirus. El Gobierno ha anunciado que serán enterrados como mártires. Oficialmente, hasta el momento en Irán sólo han muerto 291 personas por el coronavirus, una cifra cuestionada por muchos.

Las autoridades iraníes ha liberado temporalmente a 70.000 presos para evitar la propagación del virus en las cárceles. Han sido liberados aquellos con condenas inferiores a cinco años, mientras que los presos políticos y otros con penas más largas relacionadas con su participación en protestas permanecen en prisión.





Dejá tu comentario