UN BAR DE SANLÚCAR DE BARRAMEDA CONSIGUE CONTAGIAR UNA CANCIÓN DE BARRIO SÉSAMO A MEDIO PUEBLO

UN BAR DE SANLÚCAR DE BARRAMEDA CONSIGUE CONTAGIAR UNA CANCIÓN DE BARRIO SÉSAMO A MEDIO PUEBLO

La página de Facebook del bar acostumbra a subir vídeos de humor protagonizados por el personal, y en uno de ellos suena una canción que deja impronta en el inconsciente colectivo: el "Maná Maná" de Barrio Sésamo.

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No es la primera vez que este establecimiento de la costa gaditana acapara la atención informativa, y aunque esta atención nunca ha sido premeditada la realidad es que medio pueblo de Sanlúcar de Barrameda vive pendiente de las novedades que presentan, entre otras los vídeos que graban del personal en clave de humor. Los vídeos suelen girar en torno a la cocinera de "El niño de Oro", Mila Ocaña, cuyo desparpajo la está haciendo muy conocida entre los habitantes de Sanlúcar.

Uno de las últimas publicaciones de "El niño de Oro" contiene una versión de la popular musiquilla de Barrio Sésamo "Maná Maná Pachipi chipi", el tipo de melodia que se queda en el inconsciente ya para los restos. No tiene más letra que ésa ni sentido alguno, pero quien la escucha la retiene en la memoria, y así medio pueblo de Sanlúcar de Barrameda ha vuelto a recordar una canción que tiene, desde 1968, el récord de melodia pegadiza.

El fenómeno de las canciones que "se pegan" ha sido hasta la fecha poco estudiado, pero se sabe que el sonido se retiene en la corteza auditiva, y que el cerebro reacciona buscando una secuencia para completar la melodia. El tarareo de la canción puede contagiar a quien lo escuche, y de ese modo se extiende a terceros como ocurre en este curioso caso.

El "Maná Maná" fue creado en 1968 por el italiano Piero Umiliani para la banda sonora de un documental sobre la actividad sexual en Suecia, pero no fue hasta su adaptación por Los Snowths para Barrio Sésamo que se hizo auténticamente viral. Cincuenta años después de su creación, el "Maná Maná Pachipi chipi" ha vuelto a instalarse en la memoria colectiva: esta vez entre la población de Sanlúcar de Barrameda.

 

El caso es digno de estudio porque puede establecerse una relación entre el uso de las redes sociales -que no existían en aquella época- y la viralidad de un fenómeno tan habitual como poco estudiado: la repetición inconsciente e involuntaria de un sonido concreto que se relaciona con algo agradable. Un bar muy conocido y un personal algo alocado han hecho el resto.

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