Sonia Valenzuela: «He estado y estoy enamorada de la vida, de Dios y de mi familia»

Sonia Valenzuela ha sido en los últimos años uno de los personajes más perseguidos por los medios de comunicación nacionales.

Su historia, hecha pública de manera ostentosa, que la relacionaba con el obispo Xavier Salinas de Mallorca, provocó un gran escándalo social. La separación de su marido, Mariano de España, el abandono de la que había sido su casa, la mítica posesión de Pastoritx, y una avalancha de revelaciones: mentiras, algunas verdades y medias verdades.

¿Por qué nos da esta entrevista tras tantos años de silencio?

—Para poner punto final a todo lo ocurrido en los últimos tres años y medio. El otro día, cuando leí en LeyendoNoticias el artículo que hablaba sobre mi perdón dado a Mariano, fui la primera sorprendida. Entiendo que los periodistas hacen su trabajo, que en los juzgados haya buenos profesionales a la búsqueda de la noticia, pero si no he hablado en todo este tiempo, quizás sea hoy el momento de hacerlo.

¿Cómo ha sobrellevado estos años?

—Como he podido, gracias a Dios, a mis hijos, que siempre han estado a mi lado, y a buenos amigos que me han dado el apoyo que necesitaba en cada momento. La fe y la oración me han ayudado mucho a ir hacia adelante. Sempre endevant! como decía San Junípero Serra.

La fe fue la causante del problema que usted ha vivido… ¿Cómo se enfrenta uno al tsunami que supuso que la relacionaran con el antiguo obispo de Mallorca?

—No, no fue la fe, fueron las actuaciones de determinadas personas, que nada tienen que ver con la fe, ni con la Iglesia. Soy una persona que cuido mucho mi intimidad y la de los míos, y cuando uno se ve expuesto en una batalla tan difícil, en mi caso, lo que he hecho ha sido seguir adelante y confiar en Dios, fuente de toda paz.

¿Ha acabado el máster en Teología que comenzó siendo secretaría del obispado de Mallorca?

— Si, lo terminé en el 2016, y con buenos resultados. Es lo que estaba haciendo cuando se desató la tormenta, pero seguí investigando. Que lo hiciera cuando trabajaba en el Obispado, porque están allí todos los libros de Teología, me obligaba a salir un poco más tarde de mi trabajo, a las ocho o nueve de la noche, lo que, para algunos, al parecer, ha sido un poco chocante, pero en mi casa todos sabían dónde estaba, y qué estaba haciendo. Mis hijos venían a buscarme muchos días. En la UIB lo he hecho millones de veces, siempre suelo cerrar las bibliotecas, y no pasa nada, nadie se escandaliza. En fin, visto lo visto, está claro que no basta con ser bueno, también hay que parecerlo.

De usted han dicho que tenía una relación impropia… ¡Con el obispo!

—Así es, pero pienso que, si yo hubiese sido hombre, probablemente nada hubiera pasado por estudiar un máster de Teología en una biblioteca específica a esta investigación, pero la realidad fue otra muy distinta. No se puede negar que existe una brecha de igualdad de género en este sentido. Visto desde esta perspectiva, es comprensible que para algunos pudiera resultar impropio. Y en parte tienen razón, porque, como ya he dicho, no basta ser bueno, si no parecerlo. Lo importante en todo caso es que los resultados académicos fueron muy buenos frutos a mi constancia y al esfuerzo.

¿Ha estado o está usted enamorada…?

—Si, he estado y estoy enamorada de la vida. De Dios que me quiere como soy y me da fuerzas; de mis hijos que siempre están ahí; de mi familia, que ama sin recibir nada a cambio; de mi trabajo, que me enseña a dar lo mejor de mí, y del amigo, que siempre está ahí cuando más lo necesito, me acompañan y me ayudan a ir siempre adelante. Todos estos han sido y son mis amores.

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