CARMEN CALVO NO TIENE NI IDEA DEL AMOR ROMÁNTICO

CARMEN CALVO NO TIENE NI IDEA DEL AMOR ROMÁNTICO
CARMEN CALVO NO TIENE NI IDEA DEL AMOR ROMÁNTICO
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Por mucho que se empeñen los antisistema, los desengañados del amor y Carmen Calvo, el amor romántico no es machista. Lo que puede ser es cursi, a veces, si uno no controla la expansión del sentimiento y se deja llevar por Disney, o topa con un ser poco romántico como quien suscribe; pero machista nunca.

En primer lugar porque las mujeres somos muchísimo más pesadas que los hombres, dónde va a parar, y tiramos más por lo romántico; los hombres suelen ser menos efusivos y tienden a la protección, pero como nosotras tendemos a tratarlos con instinto maternal la cosa queda compensada.

Todo esto es un ejercicio de diversión sobre el tema que plantea Carmen Calvo. Ser romántico no tiene que ver con el sexo, o género, o como porras quieran llamarlo; tiene que ver con la forma que cada uno tiene de plantearse sus relaciones, y ahí no hay machismo ninguno. Ahí lo que hay – o no- es una apetencia legítima y natural de expresar el sentimiento propio como cada cual estime oportuno.

Yo no conozco a ninguna mujer que proteste por verse agasajada si le gusta el hombre en cuestión. Protestamos por la insistencia del hombre que NO nos gusta, y aún en ese caso el agasajo eleva la autoestima cosa mala. Otra cosa es verse objeto de atenciones que antes se daban por normales y ahora, por obra del progresismo, se consideran machistas; ahí si que he visto situaciones que hasta rozan el absurdo, como la de la joven que se disponía a entrar en un bar y se encaró con un señor porque éste le daba paso sosteniendo la puerta:

-“Muchas gracias, pero no necesito que un hombre me abra la puerta. ”

-“Pues me parece muy bien, señorita, pero a mí me han educado para tener esa deferencia. ”

Y ahí está el quid de la cuestión. A un hombre que no sea un patán le han educado en ciertos usos sociales. Si ese comportamiento fuese machista, o sea, si el hombre considerase a la mujer un ser inferior o despreciable la apartaría para pasar él primero, y en casos extremos hasta sería tan desagradable como el tono de voz que usó la chica para despreciarle el gesto.

Lo del tono de voz es importante porque muchas veces no es lo que se dice, sino cómo se dice, y lo mismo pasa con la intención. Habría que aprender a distinguir entre buenas intenciones o malas y no dar por sentado, como dice Carmen Calvo, que hay machismo hasta en que nos regalen un ramo de margaritas.

Uno tiene que ser libre de entregarse o no al amor romántico; lo que no se debe hacer bajo ningún concepto es hacer lo propio con el amor tóxico. En cuestión de toxicidad lo mismo da que seamos hombres o mujeres: es cuestión del individuo (y no digo “individua” por no caer en el absurdo del lenguaje inclusivo).

Una afirmación como la que hace Carmen Calvo convierte algo normal, sencillo y natural en un galimatías de machismo agresivo que no viene a cuento ni es ya siquiera aceptable.

El amor hay que transmitirlo y no callarlo. Uno no se puede aguantar el amor. El amor es como el miedo: no se puede frenar… En todo caso, déjennos vivirlo como mejor lo entendamos. A lo mejor Carmen Calvo no ha conocido nunca el amor romántico, porque hay gente que lo inspira y gente que no; pero la gente que lo inspira, y lo vive, suele tener otra cosita en la cara, y sobre todo menos ganas de perder el tiempo en tonterías.

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