Tengo muy cerca una fuente de inspiración continua y casi infinita. Él mismo no se considera un sinvergüenza, al contrario: asegura estar en posesión de todas sus reservas de vergüenza porque nunca ha hecho uso de ella. Una de las frases memorables de mi sinvergüenza particular es que “de toda la vida se ha follado en el parque”.

La dijo seguida de una risiila maliciosa que no invitaba a hacer preguntas, por precaución, pero no deja de ser cierto: de toda la vida se ha follado en el parque. Los jóvenes rusos lo hacían en los trenes porque en Rusia la gente vive hacinada; los homosexuales ocultos lo han hecho siempre en los parques, y también los infieles esporádicos; hay prostitutas que trabajan en los parques; reprimidos al acecho de alguien con quien desfogar; muchachitos que no tienen dinero para un hostal, ni coche, ni otro sitio donde ir… Y luego están los que lo hacen por gusto: los del cruising ése que está de moda.

El cruising consiste en mantener relaciones sexuales al aire libre con desconocidos, que es lo inaudito. O sea, el folleteo campestre, agreste, playero o dunario con el primero, primera o primere que se ponga a tiro con los riesgos higiénicos que ello supone. Y con otros riesgos añadidos: para los agentes de seguridad porque la gente por lo visto se pone agresiva si vienen a cortarles el rollo; para el espacio elegido porque lo dejan hecho un asquito; para el paseante no follador porque se expone a requerimientos, improperios y hasta agresiones; incluso en zonas protegidas como las dunas de Mallorca la afición al folleteo salvaje se está cargando el ecosistema.

Dos jóvenes practicantes de cruising

En Madrid la cosa se ha puesto ya preocupante. Del Retiro y la Casa de Campo el cruising ha pasado a invadir los baños de los comercios y zonas públicas, resto de parques y hasta el templo de Debod -que si levantara la cabeza, además de no saber dónde porras se encuentra creería estar en Babilonia-. O sea: Madrid se ha vuelto loco y los seguidores de Baco se encuentran con los de Eros donde primero les pille; que ya no es ese folleteo discreto detrás de los matorrales del que hablaba mi fuente de inspiración; ya es un si me ven que se jodan que se ha convertido en un verdadero problema.

Desde el Ayuntamiento de Madrid, ocupado como siempre en destrozar la ciudad, las propuestas de soluciones no pasan por proteger al ciudadano no interesado en el cruising. A Manuela Carmena le preocupa crear zonas seguras para el ciudadano follador, no sea que se queden los encuentros en coitus interruptus o venga alguien a molestarles lo más mínimo. Como el sufrido madrileño está acostumbrado ya a las Carmenadas, la noticia se toma más a chufla que otra cosa; la gente anda esperanzada en una nueva alcaldía que sí procure soluciones, y mientras ésta llega, la ocurrencia de regular el cruising dispara la imaginación hacia medidas parecidas a las que tomó Carmena con la DGT: colocar pegatinas en los coches según su calidad energética. Las pegatinas podrían colocarse en un cestillo a la puerta de los urinarios públicos, “Follador”, “No follador”  “Mirón” o “Como te pases te arreo un guantazo”, para evitar malentendidos.

“-Mari, que me han follado”

“-¿Dónde?”

“-En los baños de Preciados”

“-Eso es que te has equivocado de pegatina, desastre”. ”

-Es que sólo quedaban las de ‘Indeciso’…”

Y sería menester organizar también las zonas públicas con la señalizacion correspondiente, sobre todo las de pulmón verde, no sea que vaya uno a respirar y termine intubado. Javier López Moreno, que además de agente de seguridad es gran observador de la vida madrileña, ve los matices del cruising con otros ojos: “Es anticonstitucional. Permite sólo el sexo público entre el colectivo LGTB, y eso es discriminación por razón de sexo” .

Y tiene razón, oigan. ¿Y los hetero qué? A ver si ahora la parejita que recurre al parque a la antigua usanza van a salir detenidos mientras los otros reciben subvenciones… Están pensando organizar un movimiento en redes sociales con el lema “o follamos todos, o no folla ninguno”. Lo malo es que Carmena puede contraatacar con otro lema más acorde con el cruising: “Folla bien, y no mires con quién”.

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