Para el Papa Francisco, los musulmanes son guerreros de la esperanza

Cuando Jorge Bergoglio fue elegido como nuevo Papa de la Iglesia Católica para suceder a Benedicto XVI, los argentinos entramos en euforia y fue una gran alegría que un argentino ocupara por primera vez ese cargo.

Fueron largas semanas de emoción y de mucha ilusión, ya que prometía ser el mejor Papa de la historia y todos suponíamos que sería un ejemplo de imparcialidad, transparencia y de justicia.

Sin embargo, bastaron pocos meses para ver cómo el Papa Francisco, el que representa a todos los católicos del mundo, comenzaba a hacer malas juntas y malas compañías, sacándose fotos con amplias sonrisas rodeado de delincuentes, corruptos y personas de baja calaña.

Lo que demostró Jorge Bergoglio en todo el tiempo en que lleva como Papa, es que se siente más cómodo y feliz recibiendo a delincuentes en el Vaticano que al Presidente electo a través de las urnas, Mauricio Macri, como quedó registrado en las fotos tomadas cuando fue visitado por este último en la sede romana.

Por otro lado, también es un Papa que castiga al capitalismo y se sienta a dialogar mano a mano con el comunismo fabricante de miseria, como sucedió con su reunión con el ya extinto dictador de Cuba, Fidel Castro.

Dentro de esta ideología, en donde los exitosos son culpables y pecadores y los pobres son víctimas y la esperanza de la humanidad, visitó la ciudad de Bolonia, en donde reunido con inmigrantes musulmanes, afirmó que ellos son guerreros de la esperanza.

Y volvió a insistir, una vez más, en que los países deben abrir más aún las fronteras para recibir a todos los inmigrantes, que escapando de sus países sumergidos en pobreza y guerras, trasladan sus costumbres y tradiciones obsoletas a países desarrollados, donde terminan viviendo.

No es la primera vez en la que el Papa Francisco insta a los países a recibir cada vez a más inmigrantes. Sus discursos contra la xenofobia, como él llama a los países que cuidan sus economías, son constantes en cada misa que ofrece, confundiendo lo que es un líder religioso con un líder político.

El Vaticano, que es usado como una unidad básica del peronismo, acumula grandes lujos, millonarios palacios y obscenidades jamás vistas ni siquiera en los países capitalistas a los que Bergoglio tanto critica.

Tal vez sea una buena oportunidad para el Papa de los católicos para dar el ejemplo, y comenzar a desmantelar esa obra gigantesca de la obscenidad materialista como lo es el Vaticano y repartir ese tesoro entre los pobres. Por lo menos, sería una tarea más fácil que la de expulsar a los miembros de la iglesia que abusan de niños.

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