La muy humilde iglesia del Raval de la Mare de Déu del Carme necesita 6.829,24 euros para reparar sus campanas. El temporal Gloria las dejó muy maltrechas, “las resfrió, y las mutuas no se hacen cargo de las medicinas”, escribió el párroco Jaume Riera en la infinidad de octavillas que estos días pueden encontrarse por este lado del barrio. “Si todos ponemos nuestro granito de arena –agregó–, la música de las campanas pronto volverá a sonar en nuestro Raval. Su música nos ayuda a poner orden en nuestra casa, nos da confianza e identidad”.

Sí, detalla ahora este escolapio de 78 años: cuando pasó el temporal, las campanas callaron. “Y la verdad es que parece que estas cosas no importan a la gente. En muchos pueblos dejaron de tocar sus campanas porque muchos se quejaban del ruido. Pero a los pocos días de que las nuestras se averiaran, muchos vecinos del barrio comenzaron a pararme por la calle para preguntarme qué les pasaba a nuestras campanas, por qué dejaron de sonar. Y le estoy hablando de personas que ni vienen a misa ni son católicas, pero las campanas les sirven para ordenar un poco sus vidas cotidianas. Son detalles. Y ya reunimos cerca de 2.000 euros, gracias principalmente a la gente… Y es que nuestro lema dice que somos una parroquia al servicio del barrio, de todo el barrio. En la fachada tenemos un gran cartel que lo pone, venga que se lo enseño…”.






“Muchos vecinos que ni vienen a misa ni son católicos quieren que vuelvan a sonar”, dice el párroco





En los escalones de la puerta principal del templo, en la calle Sant Antoni Abat, están acomodados varios hombres fumándose unos porros grandes como brazos de gitano. Son los mismos que acostumbran a pasarse el día en las esquinas de los callejones más siniestros del barrio, los de Sant Climent y de Salvadors, que están justo en la acera de enfrente. Cuando estos hombres se cansan de estar de pie se sientan un rato en estos escalones.

“Buenos días”, les dice el párroco. “Buenos días, jefe”, le responden todos, apartándose un palmo, dejándole paso. Riera lleva dos años y medio en el Raval. Antes estuvo trabajando un lustro en la parisina banlieue de Saint Denis, y también pasó un montón de años en Senegal. Le tocaba regresar a África, pero la familia le dijo que ya no tenía edad para eso trotes. “¿Ve? Ahí está el cartel de la fachada, ¡al servicio de todo el barrio! Para eso estamos aquí… Y ahora vamos al campanario. Tiene que ver nuestras vistas del Raval, tiene que ver nuestras campanas”.

Riera camina doblado como una alcayata, con aparente dificultad y con la ayuda de un bastón, pero enfila las escaleras con forma de espiral con gran soltura y agilidad, de verdad… y mientras tanto explica muy orgulloso que los locales de esta parroquia acogen una larga lista de entidades sociales, “independientes, pero en comunión”, dice una y otra vez. La Fundació Social del Raval, Punt de Refèrencia, Narcóticos Anónimos, Càritas… “Y esta semana celebraremos un ciclo de charlas sobre las principales creencias presentes en Barcelona y el hecho religioso. Estas cosas son muy importantes. Con musulmanes, protestantes, budistas, judíos, ateos, sijs… porque es lo que le digo, aquí estamos al servicio del barrio, de todo el barrio”.





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