Un bombardeo
aéreo ruso o sirio mató anoche a docenas de soldados turcos en la provincia siria de Idlib. El gobernador de la provincia fronteriza de Hatay, donde un hospital recibía a las víctimas, reconocía a última hora de este jueves veintinueve muertos. Pero otros observadores dan cifras más abultadas.

En cualquier caso, el presidente Recep Tayyip Erdogan convocó una reunión de emergencia en Ankara y lo mismo hizo el principal partido de la oposición. A diferencia de otras ocasiones, la circunspección de todos ellos daba cuenta de la gravedad de lo sucedido. Un secretismo que dio pábulo a todo tipo de rumores en las redes sociales, casi de inmediato bloqueadas en Turquía.





Las consecuencias para el desarrollo de la guerra en Siria serán de calado. Aunque a medianoche había noticia de por lo menos dos explosiones cerca de Latakia, feudo de Bashar al Asad y cerca de las bases rusas, el mensaje parece claro. Las fuerzas turcas deberán abandonar territorio sirio.


Según la televisión del Kremlin, especialistas turcos intentaron antes derribar aviones rusos con misiles





Abona esta hipótesis que anoche mismo un alto funcionario turco dijera que su país reaccionará abriendo las puertas de ­Europa a los desplazados ahora retenidos junto a su frontera con Siria.

Horas antes, la televisión del Kremlin informaba de que “los rebeldes y especialistas turcos ­están usando sistemas antiaéreos portátiles” contra la aviación rusa y siria. Un desafío con pocos precedentes fuera del Afganistán de los ochenta, excepto, claro está, el inaudito derribo de un caza ruso por la misma fuerza aérea turca, hace cinco años, no lejos de Idlib.

Las fuertes represalias rusas de entonces fueron económicas. No esta vez. En un día, además, en que los rebeldes apoyados por Turquía habrían cruzado otra línea roja para Vladímir Putin y su aliado Bashar al Asad, al recu­perar la localidad de Saraqib, volviendo a cortar así la autopista M5, que une Alepo con Damasco.

Esta columna vertebral de la Siria útil hacía pocas semanas que había sido recuperada por el Ejército Sirio, con apoyo aéreo ruso.

Mientras tanto, las manecillas del reloj de Erdogan no se detienen. Mañana a medianoche ex­pira su ultimátum a Al Asad para que retire sus tropas de la difunta zona de desescalada de Idlib.





Pero Damasco acaba de rati­ficar cómo piensa terminar la guerra. Y a pesar de la pérdida de la estratégica Saraqib, las tropas lealistas siguen avanzando en otros frentes.

Aún ayer, Erdogan soñaba con una cumbre sobre Idlib en Estambul, el martes 5 de marzo. Pero Emmanuel Macron y Angela Markel se descolgaron –y ayer lo hizo Putin de forma explosiva–, y se puso fin a su acercamiento.

Como compensación, tanto Francia como Alemania se pronunciaban en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de una “tregua humanitaria en Idlib”.

Ciento treinta y cuatro civiles han muerto en el enclave este mes, según la ONU. Son ya casi un millón de desplazados junto a una frontera que no ha sido tal para Ankara durante años y por lo menos hasta ayer, cuando seguía introduciendo miles de soldados y vehículos. Los ultimátums los pone el más fuerte.





Dejá tu comentario