El fiscal general de Estambul ha anunciado el fin de las pesquisas sobre el asesinato del periodista Jamal Khashoggi y anuncia la apertura del proceso. Para ello solicitará la extradición de veinte ciudadanos saudíes a los que inculpa del crimen, entre ellos dos colaboradores próximos del príncipe heredero Mohamed bin Salman. La Fiscalía concluye que se trató de un “asesinato premeditado” por “asfixia” y que el cadáver fue descuartizado en el propio consulado saudí, aunque este jamás haya aparecido.

Entre los acusados se cuentan los dos “cerebros”, el exconsejero Saud al Qahtani y el número dos de los servicios de inteligencia saudíes, general Ahmed al Asiri. Turquía ya solicitó hace más de un año el arresto de estos dos altos cargos, junto a otras personas, pero Riad ignoró entonces la petición y abrió su propio juicio.






Riad celebró un juicio a puerta cerrada pero no ha identificado a los condenados, por lo que el crimen podría haber quedado impune





Al Qahtani llegó a ser investigado, pero no imputado y parece que, tras estar desaparecido durante meses, ha vuelto al trabajo. Mientras que el general Al Asiri fue juzgado, pero absuelto “por falta de pruebas”. Aunque Riad dice que el juicio a puerta cerrada se cerró en diciembre pasado con cinco sentencias de muerte y tres penas de cárcel, en ningún momento ha identificado a los condenados. Por lo que el crimen podría perfectamente haber quedado impune.

La relatora de la ONU, Agnès Callamard, consideró “altamente probable” la responsabilidad de Bin Salman en el asunto, como lo creyó la CIA. También es cierto que la agencia estadounidense siempre estuvo más cercana al anterior príncipe heredero, Mohamed bin Nayef, que fue desplazado en un golpe palaciego por su primo Bin Salman hace tres años y que ha sido detenido este mismo mes por orden del mismo. Bin Nayef es el hijo de quien fuera ministro del Interior del reino durante treinta y siete años.

Carteles y velas para pedir justicia por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi
Carteles y velas para pedir justicia por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi
(Sarah Silbiger / Reuters)






La apertura del proceso en Turquía y la consiguiente petición de extradición a Arabia Saudí deberá agriar aún más las relaciones entre ambos países, que ya andan a la greña en varios frentes. Riad recrimina a Erdogan su apoyo indisimulado a la cofradía de los Hermanos Musulmanes, con la que también se identificaba a Jamal Khashoggi. Este estaba a punto de contraer matrimonio con la turca Hatice Cengiz en el momento de su desaparición en su consulado de Estambul, al que había acudido precisamente para hacer estos trámites. Cengiz se mostraba hoy satisfecha por “este paso hacia la justicia”, pero llamaba a EE.UU. a difundir las conclusiones de sus agencias y a la ONU a iniciar una “investigación internacional”.


La instrucción del fiscal se basa en la labor de los servicios policiales y de inteligencia turcos





Riad y Ankara, que compiten por la primacía en el islam suní, colaboraron desde el principio en la guerra de Siria, pero ahora se encuentran en bandos opuestos en Libia o Palestina. Turquía se ha erigido, asimismo, en protectora de Qatar, emirato bloqueado por sus vecinos de la península arábiga.

La instrucción del fiscal se basa en la labor de los servicios policiales y de inteligencia turcos, que durante semanas fueron dosificando la presión sobre el heredero saudí . También en más de cincuenta testimonios. Todo ello ha servido para establecer las veinte identidades a partir de huellas dactilares y grabaciones videográficas y sonoras.





Aunque huelga decir que la petición de extradición de veinte ciudadanos saudíes para que afronten cargos que en Turquía –donde son merecedores de cadena perpetua- solo puede terminar en una papelera de Riad.





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