Nada tiene que ver aquella Mariah Carey que debutó en los primeros compases de los noventa a golpe de balada y con la presión de ser comparada con Whitney Houston con la artista que sigue dando la nota hoy en día. Y la expresión no ha sido elegida al azar ya que uno tiene la sensación de que la estadounidense ha ido sufriendo una mutación con el paso de los años a ritmo de bisturí y de extravagancias que han derivado en un producto musical que, si bien puede tener su público gracias a la concepción de show que la acompaña, poco tiene que ver con aquella artista que enamoraba con su voz a los fans de los compases más azucarados. Diagnosticada en el 2001 de un trastorno bipolar que, según admite, le ha costado lo suyo asumir, Carey lucha por restituir una imagen como cantante, compositora y productora que, en estos momentos, parece supeditada a su surrealista cita con la Navidad.

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