El bombardeo de ayer a unidades del ejército turco por parte de la aviación siria abre un antes y un después en el conflicto. Al menos treinta y tres soldados murieron en el ataque en la provincia siria de Idilib y otros tantos están heridos según el recuento oficial. Aunque la cifra real podría ser bastante más alta, según los pocos testimonios de supervivientes que han trascendido, ya que las redes sociales están bloqueadas. Dos hospitales cercanos a la frontera siria han sido cerrados a los civiles.

Recep Tayyip Erdogan convocó anoche en el palacio presidencial algo parecido a un gabinete de guerra, que duró seis horas, con la plana mayor del gobierno, el ejército y la diplomacia. Horas después, doscientos objetivos del Ejército Árabe Sirio eran alcanzados por proyectiles turcos, según Ankara. Simultáneamente, Turquía hacía saber que dejaba de frenar la llegada de inmigrantes y refugiados a las fronteras de la Unión Europea -pese a los miles de millones que recibe de Bruselas por este concepto. Cientos de miles de multidesplazados suníes sirios se hacinan en Idlib, a pocos kilómetros de Turquía.





Un tanque turco
Un tanque turco
(HANDOUT / AFP)

Cabe decir que Ankara ha facilitado muy pocos datos a sus ciudadanos sobre los hechos de anoche. Ha sido Rusia, esta mañana, quien ha identificado el lugar del bombardeo, atribuyéndolo a la aviación siria –como también hace Ankara- y esgrimiendo que las tropas turcas no habían notificado sus movimientos en Siria, como deberían. Seguramente porque estaban “integradas en unidades yihadistas de Tahrir al Sham”, la filial siria de Al Qaeda, en furiosa contraofensiva.

Preciamente ayer por la mañana, las agencias turcas mostraban imágenes de “rebeldes moderados” en flamantes tanques, dando un zarpazo al gobierno de Bashar al Asad, al retomar la localidad de Saraqib, partiendo así la autopista clave de la “Siria útil”, que une Alepo con Hama, Homs y Damasco. Horas después, el ejército turco –entre bambalinas, según Moscú- sufría uno de los mayores golpes de su historia reciente.

Erdogan se ha cuidado mucho de no culpar a Moscú, aunque lo sucedido sacude los equilibrios de los últimos años. Pese a ello, a petición turca, Erdogan y Putin mantuvieron ayer una conversación telefónica. Y un equipo ruso sigue negociando en Ankara por tercer día. Nada placería tanto a Bashar al Asad como abrir una cuña entre ambos.






Respuesta templada de la OTAN





Por otro lado, esta mañana se ha celebrado una reunión de urgencia de la OTAN a instancias de Turquía. Sin embargo, Erdogan, con el que las relaciones entre la alianza militar y Turquía han tocado fondo, ha conseguido poco más que expresiones de “honda solidaridad” por parte del secretario general, que no ha ido más allá de prometer aviones AWAC de vigilancia y estudiar nuevas formas de cooperación. España es, actualmente, quien mantiene una batería de misiles Patriot en Adana, para prevenir ataques desde Siria.

Jens Stoltenberg, no obstante, ha hecho un llamamiento para que “Rusia y Siria terminen con sus bombardeos indiscriminados” y “respeten la legalidad internacional”. Palabras que sabrán a poco al gobierno turco. Idlib, delirios otomanos a parte, es territorio sirio y por tanto ajeno al compromiso de defensa común entre los aliados. Asimismo, el ministro de Exteriores ruso ha reiterando esta mañana que “Damasco está en su derecho de combatir el terrorismo y a repelir agresiones”.

Un chico sirio saca un pollo muerto de las ruinas en una población de Idlib
Un chico sirio saca un pollo muerto de las ruinas en una población de Idlib
(UMIT BEKTAS / Reuters)






Cabe decir que países como Emiratos, Kuwait o Bahréin han reabierto sus embajadas en Damasco y están ya en otra partida. Mientras que Turquía sigue atrapada en la misma partida de 2011 –donde no era ni mucho menos el único jugador que lo apostó todo al verde- y sigue perdiendo fichas. Una parte de Turquía se apuntará a la ola nacionalista y de apoyo a sus soldados, pasando de puntillas por el hecho de que están fuera de sus fronteras. Pero entre los votantes de la oposición crece la indignación porque su partido de referencia, el CHP, también votó en su día a favor de la intervención en Siria, que ahora se paga en sangre.

Mientras tanto, dos fragatas rusas, armadas con sofisticados proyectiles Kalibr, cruzaban esta mañana el Bósforo rumbo a la costa siria, pocas horas después de que Moscú le mostrara la puerta de salida a Turquía de la peor manera posible. A la misma hora en que las bolsas turcas registraban su peor caída en casi siete años, ante la incertidumbre de si esto es el final o el principio.





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