La primera víctima mortal de nacionalidad francesa del Covid-19 plantea todavía un misterio, al ignorarse la vía de contagio. Se trató de un hombre de 60 años, profesor de una escuela de enseñanza media en el departamento de Oise, al norte de París, que jamás viajó ni a China ni a ningún otro país considerado de riesgo.

Había habido antes otro fallecido por el coronavirus en Francia, al inicio de la crisis, pero era un hombre anciano de nacionalidad china. El profesor francés fallecido dejó de trabajar el pasado 12 de febrero. Llevaba días hospitalizado pero no le realizaron la prueba del Covid-19 hasta el martes, cuando su estado se agravó súbitamente y fue trasladado a un gran hospital en la capital, donde falleció a las pocas horas.






El hombre fallecido, un profesor de 60 años, no estuvo ni en China ni en Italia ni en otro país de riesgo





Ahora las autoridades sanitarias intentan averiguar cómo se contagió y con qué personas tuvo contacto para adoptar medidas drásticas que frenen la difusión el patógeno. Se cree que no estuvo con alumnos, pues enfermó cuando ya era el periodo de las vacaciones de invierno. El mismo problema de desconocimiento sobre el origen de la infección se produce con otro hombre, de 55 años, también de Oise, que está hospitalizado en Amiens en estado grave. No se sabe si los dos enfermos estuvieron en contacto.

Se da la circunstancia de que en la localidad de Beauvais, en Oise, se halla un aeropuerto internacional usado sobre todo por la compañía de bajo coste Ryanair. Es, por tanto, un lugar de paso concurrido de personas de procedencias muy diversas.

Pese a que ya se ha llegado a 18 casos de coronavirus –con dos muertes y 12 curaciones–, el ministro de Sanidad, Olivier Véran, insistió anoche en que “no hay epidemia en Francia” sino sólo casos aislados. El Gobierno, sin embargo, intenta preparar el terreno para medidas más drásticas si la situación se complica. Por eso ha convocado hoy, en el palacio de Matignon –sede del primer ministro–, a los líderes de todos los partidos parlamentarios y a los jefes de los grupos representados. Véran anunció también que el Estado pondrá a disposición de médicos y hospitales 15 millones de mascarillas protectoras. No se recomiendan al público general, sólo a quienes hayan estado en un lugar de riesgo o caigan enfermos.





Algunas medidas que se toman provocan desconcierto porque parecen contradictorias. El al­calde de Niza, por ejemplo, decidió suspender el último día del famoso carnaval de la ciudad. Se mantuvo, por el contrario, el partido de Champions entre el Olympique de Lyon y el Juventus de Turín, a pesar de la llegada de 3.000 tifosi italianos. La celebración del encuentro fue muy criticada por los alcaldes de los dos municipios del área metropolitana de Lyon que lindan con el estadio. También se mostraron disconformes la líder ultraderechista Marine Le Pen y la excandidata presidencial socialista Ségolène Royal.

Al defender que el partido se mantuviera, el ministro Véran ofreció explicaciones inexactas. Dijo que en la región de Turín, Piamonte, no había enfermos del Covid-19, lo cual no es cierto. Tampoco tuvo en cuenta que el Juventus, el club con más simpatizantes de Italia, tiene hinchas repartidos por todo el país, incluidas, obviamente, zonas de riesgo como Lombardía.





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