El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió ayer que el cierre de fronteras, cuando sea necesario para frenar la epidemia del Covid-19, se haga de manera coordinada en la Unión Europea. “Este virus no tiene pasaporte”, dijo, y alertó sobre la tentación del “repliegue nacionalista” para afrontar un desafío a escala mundial.

En un tono didáctico y grave, Macron explicó la situación al país en una alocución televisada. Consideró insuficientes las medidas anunciadas por el Banco Central Europeo e insistió en que la reacción de la UE debe ser “masiva para proteger su economía”. El presidente francés prometió usar su influencia a escala continental y también ante Donald Trump y el G-7. “Reaccionaremos fuerte y rápido, cueste lo que cueste”, enfatizó, al tiempo que anunciaba medidas inmediatas para facilitar el desempleo parcial, la asunción por el Estado del salario de quienes estén en cuarentena y el aplazamiento del pago de impuestos y cotizaciones de las empresas.





Francia cerrará todas las guarderías, escuelas y universidades a partir del lunes, hasta nueva orden, pero mantendrá las elecciones municipales, cuya primera vuelta se celebrará este domingo, y la segunda, el siguiente. Durante varias horas se manejó la posibilidad de cancelar los comicios, pero, tras consultar a los partidos políticos y a los líderes parlamentarios, se descartó la idea con el argumento compartido de que hay que “asegurar la continuidad de nuestra vida democrática y de nuestras instituciones”. Se tomarán medidas para evitar en lo posible el contagio, procurando que haya distancia de seguridad entre las personas, en los colegios, y no haciendo esperar a las personas mayores en la cola. Pero, pese a esta buena voluntad, es previsible que la abstención sea alta.


Riesgo manejable

Las elecciones no se cancelan para asegurar “la continuidad de la vida democrática”





“No estamos más que al inicio de esta epidemia”, recordó el jefe de Estado, y la calificó como “la crisis sanitaria más grave en un siglo”. Expresó su “confianza en la ciencia” y en la capacidad de Europa de encontrar un antídoto para el patógeno y una vacuna. Mientras estos remedios no llegan, la prioridad es proteger a los más vulnerables. Macron instó a los mayores de 70 años y a quienes tengan factores de riesgo –como la diabetes, el cáncer, la obesidad y las enfermedades respiratorias– a que eviten al máximo posible los desplazamientos. También imploró que no se visite a los ancianos, aunque sea duro, pues se los somete a un gran riesgo. Hizo un llamamiento a la población en general “a limitar los desplazamientos a lo estrictamente necesario” y recomendó a las empresas que utilicen en lo posible el teletrabajo. Sobre gestos tan sencillos como lavarse las manos con frecuencia y no darse la mano o besarse, insistió mucho en que se tomen en serio porque “salvan vidas”.





Hasta ahora la estrategia francesa ha sido de responder de modo lo más gradual posible a la epidemia, retrasando medidas que alteren de manera drástica la vida económica y social. El objetivo principal ha sido priorizar la contención en los focos de infección y preparar el sistema sanitario para que pueda soportar lo mejor posible el pico de la epidemia, que será la fase más crítica.

Francia puede inspirarse en la experiencia vivida en otra crisis sanitaria muy grave, la ola de calor del verano del 2003. Los hospitales se vieron entonces desbordados y se contabilizaron 15.000 muertos, en especial gente mayor.


Llamamiento a la disciplina

El jefe de Estado insiste en que gestos sencillos como no besarse “salvan vidas”





Ante la nueva emergencia, el país cuenta con la llamada reserva sanitaria, compuesta por 3.500 médicos y enfermeros que se jubilaron hace menos de cinco años, o dejaron trabajar como tales por otras razones, y que pueden ser llamados a trabajar para aliviar la situación, no sólo en los hospitales sino en los asilos de ancianos, en los ambulatorios o en los servicios de asistencia telefónica.





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