Uno de cada 5 españoles padece de hígado graso, según afirma la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), una terrible enfermedad que va dañando poco a poco a este órgano, y además de forma silenciosa. Por desgracia, el número de diagnósticos van en aumento, de la mano de nuestro actual estilo de vida, sedentario, y muy marcado por la obesidad.

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos explica que el hígado es el órgano más grande dentro del cuerpo, y es el encargado de digerir los alimentos, así como de almacenar energía, y de eliminar las toxinas.





”La enfermedad por hígado graso es una afección en la que se acumula grasa en el hígado. Si no se trata puede causar problemas de hígado graves como cirrosis, cáncer de hígado, e insuficiencia hepática. Hay dos tipos principales: Enfermedad del hígado graso no alcohólico; o la enfermedad del hígado graso por alcohol, también llamada‘esteatosis hepática alcohólica’”, explica.


Afección silenciosa





Mientras, el doctor José Altamirano, hepatólogo y facultativo del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud Barcelona señala que se trata de una afección “silenciosa” que tiene “pocos o ningún síntoma”, donde se acumulan de forma anómala ciertas grasas (triglicéridos) en el interior de las células hepáticas. En caso de presentar síntomas, el experto dice que aparecerá cansancio en el paciente, o bien molestias leves en el lado superior derecho del abdomen.

”Hay que tener en cuenta que muchas veces el hígado graso no alcohólico es una enfermedad asociada a trastornos metabólicos, como la obesidad, o la diabetes de tipo 2. De hecho, hasta un 20% de pacientes con diabetes tipo 2, y pruebas de función hepática normales, pueden presentar lesiones histológicas de esteatohepatitis (hígado graso)”, remarca el hepatólogo.

Sin embargo, advierte de que sólo una pequeña parte de los pacientes con hígado graso no alcohólico desarrollan cirrosis, y el principal factor predictivo es la fibrosis hepática, una afección que reduce el flujo de sangre hacia y desde el hígado, y que hace que se acumule tejido cicatricial, un factor de riesgo además para eventos cardiovasculares posteriores en estas personas.





(Representación del hígado el color rojo por síntomas de hígado graso.
Shutterstock)


Controles médicos





”Debido a que a menudo no hay síntomas, no es fácil diagnosticar la enfermedad por hígado graso. No obstante, hoy en día, el hígado graso se puede detectar habitualmente mediante una ecografía hepática o un análisis de sangre (se manifiesta con un aumento de las transaminasas)”, añade el doctor Altamirano.

Así, el facultativo del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud Barcelona indica que la ‘elastografía hepática’, así se llama la ecografía del hígado, es un tipo de prueba de diagnóstico por imagen que emplea los ultrasonidos para buscar esa dañina fibrosis en el hígado.



El diagnóstico y el tratamiento precoz pueden reducir e incluso revertir los efectos de la fibrosis”




En concreto, cita que hay dos tipos de elastografía hepática: La ‘elastografía ecográfica’, más conocida por el nombre comercial del dispositivo con el que se realiza, llamado ‘Fibroscan’, un aparato que emplea ondas sonoras para determinar el grado de rigidez del hígado (la rigidez es un signo de fibrosis) y la esteaosis o cambios grasos del hígado, que ocurren con ese acúmulo anómalo de grasa; y después se encontraría la ‘elastografía por resonancia magnética’ (ERM), que emplea los ultrasonidos así como la resonancia magnética.






Adelantarse a un empeoramiento de los síntomas





Para poder mejorar el diagnóstico de estas enfermedades del hígado, y evitar que puedan derivar en enfermedades más graves, el experto del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud Barcelona emplea FibroScan en pacientes con factores de riesgo, como la obesidad o la diabetes mellitus ya que, según precisa, se estima que en torno al 80% de personas con obesidad, y de 6 a 7 de cada 10 diabéticos, desarrollarán hígado graso a lo largo de su vida, con complicaciones asociadas para el hígado y el sistema cardiovascular.

Una de las ventajas de esta prueba de ultrasonidos es que se reducen totalmente los efectos secundarios que puedan derivarse de una biopsia, ya no necesaria si se emplea Fibroscan, según subraya Altamirano. “Durante la medición con este dispositivo, el paciente puede sentir una ligera vibración en la piel en la punta de la sonda. Es fácil, rápida, e indolora. En ella, el paciente se acuesta de espaldas, con el brazo derecho levantado detrás de la cabeza, y simplemente el médico aplica un gel a base de agua sobre la piel y coloca la sonda con una ligera presión”, describe.

A juicio del especialista de Quirónsalud Barcelona, el problema con el que los hepatólogos se están encontrando actualmente es que se está detectando esta patología demasiado tarde.







Con la incorporación de esta técnica en el hospital disponemos de todas las herramientas para realizar un cribaje en pacientes de riesgo, y detectar antes estas enfermedades, con la intención de realizar el mejor tratamiento posible para que no desarrollen patologías más graves en el futuro”




Ondas de ultrasonidos: más información clínica





Entre las bondades de este nuevo tipo de exploración del hígado, el hepatólogo destaca también que, a través de las ondas de ultrasonidos, y de una forma no invasiva e indolora (con ella no es necesaria la biopsia del hígado), se cuantifica la elasticidad del hígado y su porcentaje de grasa, es decir, se determina el grado de rigidez del hígado, ya que ésta es sinónimo de fibrosis, y cuánta grasa tiene acumulada.

Con ello, el doctor Altamirano avanza que en aquellos pacientes en los que se detecta de forma precoz la fibrosis hepática se inicia un tratamiento con medidas que ayuden a evitar la progresión de esta patología en el hígado.



”Estos pacientes que empiezan a fibrosar o a presentar una progresión en su enfermedad tienen más de riesgo de poder desarrollar eventos cardiovasculares, así como más peligro de desarrollar complicaciones a largo plazo, como la cirrosis hepática y el cáncer de hígado, por lo que es necesario tenerlos mucho más vigilados”









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