Mañana, primera reunión de la agenda del reencuentro, que suena como aquellas giras patológicamente esperanzadas de la secta Viva la gente . Los políticos que participarán no están demasiado esperanzados, pero arrastrarán el rictus de prevención sectaria que define la política actual. Han anunciado que intentarán ponerse de acuerdo sobre el diagnóstico de las causas de la discordia entre unos y otros. Vaticinio: acusarán al PP de todas las desgracias acumuladas. El enemigo exterior ayuda a desviar la atención, sobre todo cuando su culpabilidad está basada en hechos tristemente reales.

El PP también es noticia por su situación en el País Vasco, donde el candidato Alfonso Alonso ha sido decapitado siguiendo una tradición orgánica de centralidad autoritaria que no afecta sólo a los partidos de derecha. Pero volvamos al reencuentro. Precedida por intrigas de vuelo de estornino suicida, la reunión oficializa la voluntad de suavizar las formas manteniendo el inmovilismo del contenido. ¿Mejor eso que nada? Ya veremos. En la trinchera independentista todo está a punto para mantener las expectativas en modo desconfianza, con el objetivo prioritario de la concentración de Perpiñán y la doctrina de la confrontación con una España convertida en enemigo testicular. Quien presidirá la comitiva de la Generalitat representa la apoteosis de un victimismo cojonil : “España tiene un pollo de cojones”, dijo Puigdemont a finales del 2017. “ Quins collons!”, se lamentaba Torra hace unos meses. Es un análisis glandular, heteropatriarcal. En TV3, Marta Pascal anuncia que renuncia a su escaño de senadora cinco minutos antes de que la echen. Dice que en su partido la discrepancia se considera un acto de disidencia y que, pese a que cree que discrepar los enriquece, al final se imponen las servidumbres orgánicas.


Alonso ha sido decapitado siguiendo una tradición orgánica autoritaria





Del intento de incorporar entidades no electas a la negociación ya no se habla, quizá porque es una idea delirante, discutible desde el punto de vista democrático. Por si a alguien se le ocurre recuperar la idea, propongo que en las próximas negociaciones se incorporen directivos del Barça, expertos en pactos contractualmente convulsos, o ideólogos del Institut Nova Història, virtuosos a la hora de transformar el pasado en propaganda y ciencia ficción recreativa. Es lo mismo que harán los políticos que mañana, más pendientes de la foto que de una voluntad sincera de pactar, se reunirán en la Moncloa. ¿Y Perpiñán? La última vez que estuve ahí sonó, por sorpresa, en la radio, una rumba de Antoine Tato García, en castellano, titulada La catalane , interpretada por un gitano del barrio de Sant Jaume.

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