Hace tiempo que algunos periodistas coincidimos en que Ferran López tiene uno de los mejores libros de memorias del momento.

El comisario de los Mossos d’Esquadra que fue uno de los dos segundos de Josep Lluís Trapero y llegó a sustituirle al frente de la policía impuesto a dedo por el ministerio del Interior tras la aplicación del 155, lleva desde el pasado 20 de enero sin separarse ni un momento del mayor. López no se ha perdido ni una sola de las sesiones del juicio contra la cúpula de los Mossos d’Esquadra que se celebra en las dependencias que la Audiencia Nacional tiene en un polígono de San Fernando de Henares, en Madrid. Su presencia impecable, sentado en un extremo de los bancos prácticamente vacíos del público, significa mucho más que el evidente apoyo personal al mayor. El comisario mantiene intacta la imagen y consideración que las estructuras políticas, judiciales y policiales tenían de él cuando fue elegido para suceder a Trapero. Confiaban, confiaron y confían en este policía hijo de un taxista y criado en las calles de Santa Coloma de Gramenet. Todos estos días, López personifica en Madrid el respaldo sin fisuras de la estructura de mandos de los Mossos a Trapero y a las órdenes que se dieron aquellos difíciles días de otoño del 2017. Con su presencia, lanza a su vez el mensaje de que todo lo que la policía catalana hizo a partir del 20 de septiembre y hasta el 1 de octubre se hizo de común acuerdo de todos, del que se sienta en el banco de los acusados y de los que han testificado.






Aval incuestionable

La presencia del policía en Madrid representa el apoyo de la cúpula al mayor y la intendenta





Hasta el día de su declaración, el 30 de enero, Ferran López desayunaba en la cafetería del hotel con Trapero y sus letradas, Olga Tubau y Mari Pau Martí. Les acompañaba en coche hasta las puertas de la Audiencia Nacional y regresaba solo al centro de Madrid para trabajar desde un despacho de la delegación de la Generalitat. En cuanto terminaban las declaraciones de la jornada, rehacía los 50 kilómetros hasta San Fernando de Henares y se sentaba con mayor y las abogadas en el restaurante de Torrejón de Ardoz en el que han comido de menú todos los días y donde los camareros ya saben los platos que prefiere cada uno. En esa casa grande llena de familiaridad, Alberto les recibe con un abrazo, chistes malos y una espléndida sonrisa; y siempre que puede fastidia a López con una camiseta del Real Madrid escondida bajo el uniforme. Para compensar sus trifulcas futboleras guarda a diario un yogur de postre para el delicado estómago del comisario.

Las vueltas que da la vida es una frase hecha que sirve para comprender como López ha terminado convirtiéndose en uno de los puntales de Trapero, y no solo de su defensa judicial, también emocional y personal. Nunca fueron amigos. Se hicieron comisarios en la misma promoción del 2010. Para muchos era el sucesor natural de Josep Milán al frente de la policía cuando en el 2013 Ramón Espadaler aceptó el reto del entonces director Manel Prat y escogió a Trapero asumiendo el tsunami que su decisión provocaría. En esos años, Trapero tuvo tantos enemigos dentro y fuera del cuerpo que se rodeó de un círculo cada vez más pequeño. El comisario Xavier Gámez, que había sido número uno de sus promociones en la Guardia Civil, se convirtió con el tiempo en su verdadera mano derecha, en su confidente, en su colaborador más leal.





Los atentados del 17 de agosto del 2017 lo cambiaron todo. Aquellos días la jefatura y con ella toda la organización se conjuró en una conexión y sentimiento de pertenencia sin precedentes. Nunca hasta ese momento un policía había estado tan orgulloso de vestir el uniforme de Mosso. Y eso se tradujo en un borrón y cuenta nueva de Trapero con casi todos los comisarios que ha durado hasta hoy, aunque tras su cese en octubre del 2017 cortó de raíz la relación con todos ellos. Sin excepción. En los 27 meses sin funciones de jefe, Trapero acudió a diario a trabajar a su despacho en la Travessera de Les Corts de Barcelona pero evitó a todos. No quiso interferir ni en el día a día, ni en las declaraciones que tendrían que hacer en la Audiencia Nacional.

Ferrán López, a su llegada al Tribunal Supremo
Ferrán López, a su llegada al Tribunal Supremo
(Dani Duch)

Precisamente en esas declaraciones cada mando ha contado los hechos como los vivió y los recordaba. Algunos como Ferran López llenaron de intencionalidad sus respuestas. Cada vez que el fiscal Pedro Rubira le preguntaba por alguna decisión referente a Trapero, el comisario respondía “nosotros…” o “la jefatura”. Ni una sola vez habló del mayor como objeto individual que hacía o deshacía. Aquella mañana de su declaración López eligió un traje oscuro y se calzó sus zapatos marrones preferidos siempre a juego con su maletín. Entró en la sala despacio, casi arrastrando los pies. Y se hizo un largo silencio cuando se entretuvo en colocar sobre la mesa un vaso que se había traído del hotel para evitar la escena de beber a morro de la botella de agua. Ese momento le sirvió para recuperar la concentración después del revés que sintió en el corazón al ver a Trapero, al mayor, sentado en la silla de los acusados. Tras cuatro horas intensas respondiendo al fiscal, López no pudo evitar emocionarse al recordar las reuniones del 26 y el 28 en el Palau de la Generalitat cuando advirtieron a Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Joaquim Forn de los riesgos que todos asumían si seguían adelante con la consulta.





Tras López y el comisario Joan Carles Molinero han seguido desfilando por la Audiencia Nacional prácticamente la totalidad de los comisarios y los intendentes que tenían cargos relevantes aquellos días del 2017. El fiscal Miguel Ángel Carballo había advertido al tribunal que allí no se juzgaba a la policía de la Generalitat sino las responsabilidades penales que pudieran derivarse de las decisiones de los acusados: Trapero, la intendenta Teresa Laplana y los políticos que entonces estaban en la Conselleria de Interior, Pere Ferrer y César Puig. Pese a la advertencia, los mandos se han sentido interpelados y en sus declaraciones no ha habido ni uno, alguno incluso notorio rival de Trapero en algún momento, que no haya coincidido en defender lo que hicieron advirtiendo de que actuaron con la única finalidad de cumplir una orden judicial en el contexto de un dispositivo conjunto. Todos han coincidido hablando exclusivamente de su actuación, sin valorar ni mencionar el trabajo de la Guardia Civil y la Policía Nacional, a pesar de las duras acusaciones contra los mossos vertidas por mandos con responsabilidad actualmente en Catalunya como el teniente coronel Daniel Baena o el comisario Juan Manuel Quintela.


Caminos que se juntaron

Nunca fueron amigos, y en el 2013 era el sucesor natural de Milán al frente de los Mossos










Durante los dos años y medio que ha durado la instrucción, la Fiscalía de la Audiencia Nacional no ha encontrado entre los 17.000 mossos ni uno dispuesto a declarar que aquellos días recibieron de Trapero alguna orden contraria a la que dio la jueza Mercedes Armas, como sostiene la acusación en su relato. A pesar de los cientos de mossos que se llegó a publicar que estaban dispuestos prácticamente a huir para entrar en la Policía Nacional o la Guardia Civil, la acusación no logró que ni uno solo declarara ni consta que en todo este tiempo haya cambiado alguno de cuerpo policial.

Entre los próximos 9 y 11 de marzo terminarán las declaraciones y las partes tendrán una semana para preparar sus escritos finales que se leerán entre el 23 y el 25, pero esta en la sede tradicional de la Audiencia Nacional del centro de Madrid. Se acabarán por unos días los trayectos interminables a San Fernando de Henares, aunque seguro que Ferran López regresa a Torrejón de Ardoz para reencontrase con Alberto. El domingo pasado el comisario invitó al camarero al Bernabeu y no supo donde meterse ante el mal juego del Barça. Su pasión indómita por el fútbol es el único punto débil conocido de un comisario que sigue fiel a la filosofía que un día le hizo pasar por el GEI, (Grup Especial d’Intervenció): “Si hay que hacerlo, se hace”. Ferran López sabía que tenía que estar al lado de Trapero y es justo lo que está haciendo.





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