Otro intendente kirchnerista y corrupto que no vive en su distrito

Un nuevo caso de corrupción e ineptitud tiene a un kirchnerista en el foco del problema. Detrás de un relato nacional y popular que le vendieron al pueblo argentino durante 12 años, se escondía una asociación ilícita cuyo único objetivo era vaciar las arcas del Estado en beneficio propio.

En esta oportunidad, el corrupto del día se llama Julio Pereyra, un acérrimo kirchnerista muy cercano al matrimonio Kirchner que comparte una característica en común con otros kirchneristas: se autodenominan nacionales, populares y defensores de los pobres, pero viven en Puerto Madero.

Este intendente recibió un escrache en las redes sociales por tener una provincia hundida en la pobreza, acumulando 43 villas y miles de vecinos sin cloacas en el siglo 21. Algo increíble. Pero mientras su distrito pasa hambre y no tiene un horizonte de progreso, el intendente pasa sus días viviendo en uno de los barrios más lujosos y caros de Capital Federal.

Lo más indignante del caso, además de la hipocresía nacional, popular e inclusiva del peronismo-kirchnerismo, es que Pereyra se encuentra administrando Florencio Varela desde 1992, totalizando ya 25 años como intendente, suficientes como para hacer obras y que el distrito no sea la miseria que es.

Sin embargo, Pereyra ya se ha quejado en más de una ocasión por el bajo sueldo que recibe, el que no le alcanza para vivir de acuerdo a su estilo de vida. Mientras tanto, la justicia ya se encuentra investigando si se enriqueció de manera ilícita.

Quien denunció a este intendente peronista y kirchnerista corrupto fue nada más y nada menos que Elisa Carrió, la diputada que más casos de corrupción ha descubierto desde que volvió la democracia.

Hace unos años también había sido criticado por Ramiro Tagliaferro, el intendente de Morón, quien afirmó que Pereyra había viajado a Miami en primera clase, después de que Abal Medina hubiera criticado a las personas que partiparon de un cacerolazo, acusándolas de interesarles solo viajar a Miami. ¡Hipocresía kirchnerista!

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