¿ES INFIEL EL PRÍNCIPE AZUL?

Una de las imágenes más recordadas de Marilyn Monroe es aquella en que cantaba, embutida en un vestido tan ceñido al cuerpo que hubo que coserlo puesto, el Happy Birthday a John Fitzgerald Kennedy. Dejando aparte que ya la Monroe daba muestras bastante evidentes de mala salud, la escena fue tomada como el summum de la seducción y el atrevimiento: una moderna Cleopatra irresistible que entonaba una felicitación a su amante delante de las narices de su esposa legítima, Jacqueline.

Y sin embargo no era cosa de admirar; más bien una desvergüenza solo disculpable por el efecto de las sustancias que hubiera consumido Marilyn aquella noche. Si se tiene una relación con un hombre casado lo menos que puede hacer una mujer con lo que le quede de dignidad es no ofender jamás a la esposa legítima, y muchísimo menos en público, porque la mujer que hace tal cosa no es ya mujer, sino zorra, y cae en uno de esos actos imperdonables que destruyen para siempre la dignidad propia.

Sólo hay dos circunstancias que justifiquen ser la tercera en discordia en un matrimonio: una, ignorar que el hombre está casado; y otra saber sin lugar a dudas que el matrimonio no existe como tal porque ambos cónyuges hacen vidas separadas. Marilyn no podía ignorar el estado civil de Kennedy, ni tampoco que hacía vida marital con su mujer; la única disculpa que se le puede aplicar es la no existencia de amistad entre ambas mujeres, que habría sido ya el colmo de los colmos.

Hay mujeres -por llamarlas de alguna manera- capaces de aprovechar la confianza de una amiga para acostarse con su marido. Estos casos se dan en todas las esferas sociales, y se deben en su mayoría a un sentimiento de envidia por la amiga mal gestionado. Éste es el caso de Rose Hanbury: la amiga que aprovecha la confianza, puede que hasta las confidencias, para entrar en un matrimonio como la zorra entra en un gallinero.

Parece mentira que estas cosas pasen, pero pasan. Que el príncipe Guillermo de Inglaterra tenga al lado una mujer como Kate Middleton, y sin embargo se entretenga frecuentando otra como esta chica, Rose Hanbury, es a primera vista incomprensible, y sin embargo parece que son ciertos los toros.
Personalmente nunca he creído en la fidelidad del hombre. Haberlos los habrá, pero son los menos: el hombre es por naturaleza infiel, aunque solo peque de pensamiento. Lo malo del duque de Cambridge es que no es un hombre cualquiera, sino uno destinado a regir un día el destino de su país, y por ende obligado a dar ejemplo.
La tercera en cuestión -que también está casada, y con un amigo de la pareja- tenía la confianza de Kate Middleton y su amistad. Tenía, porque los Hanbury han sido apartados del círculo amistoso de los duques de Cambridge de un plumazo. Hay traiciones que no tienen perdón.

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